En un lugar lejano un ermitaño vivía en una montaña. un día, un viejo amigo le hizo una visita. Este completamente feliz de acogerle, le ofreció una cena y una cálida manta para pasar la noche.
A la mañana siguiente, antes de la partida de su amigo, quiso ofrecerle un regalo. Cogió una piedra y con su dedo la convirtió en un lingote de oro puro.
Su amigo no quedo satisfecho. El ermitaño apunto entonces su dedo sobre una enorme roca que también se convirtió en oro. Su amigo no sonrió.
-¿Que quieres entonces?- pregunto el ermitaño.
El amigo respondió:
- Quiero ese dedo, ¡Córtatelo!
A vueltas con el feminismo
Hace 7 años
2 comentarios:
Avaricia, maldito pecado...
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